La opinión sobre el rol del Estado en la creación de trabajo está condicionada por su eficacia en el manejo de la economía. Países con crecimientos sólidos y que han tenido niveles altos de desarrollo económico como resultado de periodos prolongados de crecimiento, son aquellos donde con más probabilidad sus ciudadanos apoyarán un rol más activo del Estado. En cambio en donde éste ha fracasado en lograr crecimiento económico, sus ciudadanos son más escépticos sobre la habilidad del Estado de generar empleo.
En América del Norte y Europa existe un apoyo general hacia una agenda neoliberal que limite el rol del Estado. No obstante, este consenso está limitado al norte del Río Grande, ya que una gran mayoría en América Latina apoya un rol activo del Estado en la creación de empleo. Además, mientras más éxito han tenido las economías de América Latina y el Caribe en términos del nivel y de la tasa de crecimiento económico, mayor es el apoyo al rol del Estado como generador de empleo. Solamente entre los individuos que pertenecen a hogares ricos en estos países, ese apoyo se desvanece. Estas consecuencias explican el cambio electoral hacia la izquierda en las elecciones latinoamericanas en los últimos años. Los candidatos de izquierda se caracterizan típicamente por su visión del Estado jugando un papel activo en muchas de las áreas de la economía y de la sociedad. Esta visión resulta atractiva, por lo menos en lo que se refiere a la creación de empleo por parte del Estado. Además queda demostrado que los individuos pobres, quienes forman parte de la mayoría de los países de la región, apoyan más la participación activa del Estado en la generación de empleos. Incluso, la juventud de la región, quienes conforman la gran mayoría en muchos de los países de la región, apoya más un rol activo del Estado. No es sorprendente que los candidatos que defienden ese tipo de políticas hayan sido elegidos.
Tras la Segunda Guerra Mundial aparecieron los Estados “voluntaristas”, que trataron de recrear mejores condiciones de vida para los trabajadores. Sin duda el Estado era el centro de la vida económica y social. De este modo intervino en todos los dominios (económico, social y cultural), a menudo de manera autoritaria.
La presidenta de la Nación había defendido el rol de Estado en aquellos lugares más vulnerables, acotando que “allí seguiremos estando”. Este rol del Estado y sobre todo en lo que concierne a la generación de empleo, permanece como tema central en América Latina. No obstante y a contramano de estas ideas, las intervenciones del Estado en nuestro caso se dirigen a mantener con vida empresas no competitivas, quebradas o en peligro, a las que por otra parte se las rescata con aportes de los jubilados.
Pero con el Estado ha sucedido que últimamente se han incrementado sus funciones administrativas y económicas, a la vez que el control sobre la seguridad y la educación ha decaido. Consecuentemente también se habla del declive del Estado nacional como debilitamiento frente a la globalización. La actual era global dice Giácomo Marramao en “Pasaje a Occidente”, parece marcada por una crisis del mercado, precisamente por la crisis del Estado, del Estado-nación que había hecho posible el nacimiento y desarrollo de un mercado históricamente determinado y racionalizado.
Ahora bien, haciendo referencia a este Estado voluntarista o también llamado de bienestar, concebido como Estado social es el que reaccionó frente a las consecuencias de la industrialización con medidas de previsión social. Siguiendo a Niklas Luhmann: “Si es posible hablar de una lógica del Estado de Bienestar, ésta solo puede ser comprendida mediante el principio de compensación”. Estas compensaciones recaen sobre aquellas desventajas que pesan sobre los individuos como consecuencia de un determinado estilo de vida que los deja desprotegidos. También cabe agregar una situación que resulta de los costes crecientes que demanda ese Estado de bienestar. Esto es debido a que el mismo se suele caracterizar generalmente por la extensión de las prestaciones sociales a determinadas capas de la población.
Al respecto concluye Luhmann con relación a lo antedicho, que es fácil predecir el fracaso de dicho Estado como consecuencia de tener que satisfacer tales costos.- Jorge Omar Alonso.-
domingo, 2 de agosto de 2009
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