“Esta vez vale la pena” dijo el enigmático y siempre prudente Carlos Reutemann. Es innegable que el senador santafecino posee una buena imagen en gran parte de la ciudadanía, sea ésta justicialista o no. Fenómeno poco usual en la política argentina.
La República necesita salir de la exasperación. La sociedad está dando muestras de cansancio ante la irritabilidad y odios destilados por la canalla kirchnerista.
El revanchismo y la mentira como prácticas políticas han terminado por aturdir a los argentinos, que desean vivir en paz y reconciliados. Ya es suficiente con la violencia delictiva imparable, como para tener que seguir padeciendo la violencia política de la camándula KK.
El senador Reutemann es uno de esos políticos de rasgos mesurados y de convencido racionalismo, al menos en lo que a su faz personal ha logrado transmitir, mas allá de su gestión política. Es dable recordar su actuación cuando el debate por las retenciones. La Nación necesita sosiego para poder encarminarse hacia un futuro de progreso en paz, pero para ello aún debemos soportar tres fatídicos años más de gobierno de estos sátrapas.-
jueves, 1 de enero de 2009
Se cumplen 50 años de la revolución cubana encabezada por Fidel Castro y el “progresismo” autóctono, tanto político como periodístico lo celebran con loas a Fidel y al Che. Ellos siempre tan complacientes con las atrocidades de estos pistoleros desde la comodidad de nuestra democracia. Suelen llenarse la boca con esta palabra, pero a la vez justifican los crímenes y la dictadura castrista. Todo un dechado de incoherencia ideológica. Es difícil descodificar sus pensamientos.
Este fenómeno se advierte entre los intelectuales y los hombres de la prensa. Esto desconcierta al advertirse que precisamente estos que deben hacer germinar su pensamiento en un ámbito de libertad, contrariamente se soslayan con una dictadura tan cruel y criminal. Justamente un régimen que ha coartado la libre expresión.
Si el papel que se atribuye la prensa es ser juez e inquisidor de todo poder, no se entiende como algunos periodistas se manifiestan con tanta venialidad con respecto al déspota cubano.
Lo mismo ocurre con los intelectuales que como pensadores deben desarrollar su actividad en un ámbito de libertad; que son los responsables de la civilización del pensamiento que se debe reflejar en lo político y lo moral.
La democracia no puede prescindir de ellos.
Es entonces que la tiranía, el terrorismo, se convierten en “bienhechores” cuando un intelectual o un periodista elaboran esta teoría y la difunden. Y fueron precisamente algunos intelectuales y periodistas a nivel mundial y local quienes apoyaron el terrorismo. Despotrican contra la dictadura “genocida” de Videla pero admiran las andanzas de violentos como el Che, verdadero culto a la muerte sin sentido alguno.
La revolución cubana supo dividir a la opinión pública internacional indeclinablemente. Están sus detractores y defensores, y toda discusión al respecto es motivo de profundas confrontaciones.
Se sabe que son muchos los desastres que deja el castrismo, entre ellos las cárceles con más de 200 presos políticos. Tampoco la situación social es buena principalmente desde que Rusia les “soltó la mano”.
Por otra parte se empieza a especular que nada ha de cambiar con la muerte de Fidel Castro, lo que se aguarda con cierto optimismo como el final del régimen. El gobierno de Raúl Castro no se diferencia del de su hermano. Aquel no va a abandonar el modelo socialista porque ambos son lo mismo y las intensiones no han cambiado. Tal vez una pequeña apertura al comercio privado pero estrechamente regulado, como consecuencia de las dificultades económicas. La ideología seguirá siendo la misma: antiimperialista, comunista y cerrada a las libertades políticas.-
Este fenómeno se advierte entre los intelectuales y los hombres de la prensa. Esto desconcierta al advertirse que precisamente estos que deben hacer germinar su pensamiento en un ámbito de libertad, contrariamente se soslayan con una dictadura tan cruel y criminal. Justamente un régimen que ha coartado la libre expresión.
Si el papel que se atribuye la prensa es ser juez e inquisidor de todo poder, no se entiende como algunos periodistas se manifiestan con tanta venialidad con respecto al déspota cubano.
Lo mismo ocurre con los intelectuales que como pensadores deben desarrollar su actividad en un ámbito de libertad; que son los responsables de la civilización del pensamiento que se debe reflejar en lo político y lo moral.
La democracia no puede prescindir de ellos.
Es entonces que la tiranía, el terrorismo, se convierten en “bienhechores” cuando un intelectual o un periodista elaboran esta teoría y la difunden. Y fueron precisamente algunos intelectuales y periodistas a nivel mundial y local quienes apoyaron el terrorismo. Despotrican contra la dictadura “genocida” de Videla pero admiran las andanzas de violentos como el Che, verdadero culto a la muerte sin sentido alguno.
La revolución cubana supo dividir a la opinión pública internacional indeclinablemente. Están sus detractores y defensores, y toda discusión al respecto es motivo de profundas confrontaciones.
Se sabe que son muchos los desastres que deja el castrismo, entre ellos las cárceles con más de 200 presos políticos. Tampoco la situación social es buena principalmente desde que Rusia les “soltó la mano”.
Por otra parte se empieza a especular que nada ha de cambiar con la muerte de Fidel Castro, lo que se aguarda con cierto optimismo como el final del régimen. El gobierno de Raúl Castro no se diferencia del de su hermano. Aquel no va a abandonar el modelo socialista porque ambos son lo mismo y las intensiones no han cambiado. Tal vez una pequeña apertura al comercio privado pero estrechamente regulado, como consecuencia de las dificultades económicas. La ideología seguirá siendo la misma: antiimperialista, comunista y cerrada a las libertades políticas.-
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